Dos modelos para comparar por Agustín Iturralde en el espacio de análisis CED en Economía & Mercado

Dos modelos para comparar

19 de febrero de 2018

Muchos uruguayos han mirado a Nueva Zelanda durante años como un espejo de lo que podría haber sido Uruguay.

Agustín Iturralde (*)

Ambos países comparten características demográficas, geográficas y económicas, y hasta principios del siglo XX se encontraban entre las economías más ricas del mundo. Sin embargo, durante el siglo pasado divergieron significativamente; mientras que Nueva Zelanda se mantuvo entre las naciones de altos ingresos, Uruguay cayó para convertirse en un país de ingresos medios. El propósito principal de mi trabajo final de maestría fue cuestionar el origen de esta divergencia para saber si esta fue causada solo por peores decisiones de nuestros gobernantes o había diferencias iniciales que explican las distintas trayectorias.

A partir de trabajos de importantes autores, se analizó cuáles serían las instituciones y resultados económicos esperados según las características iniciales de ambos países. Teniendo en cuenta las ideas de Acemoglu, Engerman y Sokoloff, entre otros, las similitudes son muchas. Los colonizadores de ambas naciones enfrentaron condiciones similares en cuanto a la salubridad del medio ambiente y la disponibilidad de recursos naturales, por lo que similares instituciones y trayectorias hubieran sido esperables. Considerando esto, y el alto nivel de ingresos de ambos a principios del siglo XX, podríamos concluir que la divergencia durante el siglo XX puede deberse simplemente a peores decisiones de los hacedores de política uruguayos.

Sin embargo, otros autores dan razones para creer que ya existían diferencias sustanciales durante el período colonial que justifican la divergencia de ambos países. Por ejemplo, Douglass North argumenta que las colonias españolas partían con una importante desventaja institucional, y su descripción parece coincidir bastante bien con los hechos observados en ambos países. Uruguay experimentó una consolidación estatal más larga y violenta, y necesitó construir básicamente desde cero sus instituciones republicanas liberales luego de la independencia. Mientras tanto, Nueva Zelanda tuvo una independencia extremadamente pacífica y conservó el mismo autogobierno y modelo económico que tenía cuando era colonia. Según estos autores, la consolidación del Estado más simple y pacífica en Nueva Zelanda, pudo haber establecido diferencias en las instituciones y trayectorias económicas resultantes de ambos países. Para que conste, la ventaja que ellos adjudican a ser colonizados por británicos no es una superioridad cultural, sino que actúa por un canal específico: un proceso de independencia más simple.

Esta superioridad de las instituciones neozelandesas puede verse reflejada en varios elementos a lo largo de la historia. Ambos países enfrentaron desafíos y procesos similares: gobiernos reformistas durante la primera globalización; promoción de industrias sustitutiva de importaciones y expansión del rol del Estado entrado el siglo XX; ajustes estructurales sobre el final del siglo XX; y shocks externos varios. La diferencia fue la “calidad” de esos procesos en uno y otro país; siempre, o casi siempre, Nueva Zelanda salió mejor parada de estos “procesos similares”. “Su batllismo” parece haber sido más consciente del rol del agro en la generación de riqueza; “su período de sustitución de importaciones” fue más duradero, eficiente y en sectores de mayor valor agregado; y su ajuste estructural de los 80 fue más corto y eficaz que el nuestro. Es en esta mejor reacción a procesos similares que vemos las mejores instituciones. En otras palabras, podríamos decir que ellos gestionaron mejor las oportunidades y adversidades alcanzando mejores y más sostenibles resultados económicos y sociales.

No obstante lo anterior, estos mismos autores enfatizan que las instituciones pueden ser cambiadas, hay factores que inciden pero no están determinados. Hay ejemplos varios de países que transformaron radicalmente sus instituciones alcanzando así el desarrollo económico y social. North y otros autores explican cómo podría ocurrir la transición institucional y mencionan cómo algunos países presentan claros síntomas de mejora, Chile por ejemplo. Básicamente se trata de fomentar las relaciones impersonales, limitar los privilegios de las élites promoviendo así una economía sin rentistas. Reglas claras e iguales para todos que limiten la arbitrariedad del gobernante, las elites y las corporaciones.

Algunas instituciones uruguayas también mejoraron significativamente estos años, como las democráticas. En otros temas hay debilidades muy persistentes que podríamos intentar resolver mirando a Nueva Zelanda, como la institucionalidad fiscal. Es necesario evitar los aumentos arbitrarios del gasto en elecciones y otros comportamientos procíclicos.

Concluyendo, los recursos naturales y las condiciones de salubridad de los territorios de Uruguay y Nueva Zelanda hacían esperar el surgimiento de instituciones y trayectorias económicas similares en ambos países. Sin embargo, la diferencia de los procesos independentistas y de consolidación nacional fijaron una diferencia importante.

En cualquier caso, las similitudes hacen que Nueva Zelanda siga siendo un buen lugar donde buscar oportunidades de mejora. La historia muestra como buenas decisiones mejoran las instituciones y los resultados económicos y sociales. Si Uruguay se decide a mejorar sus instituciones mirando el largo plazo, tiene en Nueva Zelanda una referencia de su potencial.

(*) Agustín Iturralde. Director Académico del CED. Licenciado en Economía por la Universidad de la República y Msc in Political Economy of Late Development en London School of Economics.