Entrevista a Hernán Bonilla en Economía & Mercado del diario El País

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LUIS CUSTODIO 

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Más allá de estar en una fase decreciente, “el gobierno debe dar señales”, aseguró el profesional. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cómo califica el momento por el que atraviesa la economía uruguaya?

—Estamos claramente ante un cambio en la fase del ciclo económico. Hasta 2014 se vivió un período muy fuerte de expansión, hay que remontarse a fines de la década del ´40 o los ´50 con la política de sustitución de importaciones para encontrar un período así. Sabemos ahora con los últimos datos del Banco Central que el año pasado la economía ya estuvo estancada, porque el 1% de crecimiento tiene el consabido efecto arrastre del año anterior, por lo que el crecimiento real de 2015 fue muy cercano a cero. Y este año, lo que se está proyectando es algo muy parecido. Incluso hay que cuantificar bien el daño generado por el azote climático que vivimos en las últimas semanas, en qué medida afectó la producción y allí podemos encontrar quizá que por primera vez en muchos años se registra un decrecimiento.

—La cuantificación de los daños en la producción podrían llevar a un ajuste a la baja…

—De hecho, las proyecciones que hemos hecho en el Centro de Estudios para el Desarrollo, en nuestro informe de abril proyectamos un alza del PIB de 0,1% para 2016, sin tomar en cuenta los efectos de los últimos tiempos. Seguramente cuando podamos cuantificar los impactos, probablemente nos encontremos con que nuestra proyección sea un dato negativo. Por lo tanto, 2015-2016 marcan un cambio en el comportamiento de la economía uruguaya, podemos decir que estamos en una fase de estancamiento, y esto tiene consecuencias sobre la economía real, a través del aumento del desempleo, que se estancará o puede haber una regresión del salario real, y después hay otros efectos importantes que hay evaluar sobre las finanzas públicas.

—¿A qué se refiere?

—El presidente Vázquez, en su última aparición en cadena de radio y televisión dijo que uno de los objetivos prioritarios era mantener el grado inversor. Coincidimos con lo expresado por el presidente. Y para ello, se deben cuidar las finanzas públicas. Y nos agarra este cambio de fase de la economía con cifras macro preocupantes. Mientras crecíamos, un déficit fiscal de 3,7%, 3,8% se podía manejar. Tener una deuda bruta del 60% producto podía irse llevando. Ahora en esta fase, eso empieza a complicar. Ahora ya no tenemos las mejores opciones posibles en el menú.

—¿Cuáles eran esas mejores opciones?

—Lo ideal hubiera sido en época de bonanza aplicar una regla fiscal que nos hubiera permitido tener un fondo de estabilización, lo que haría innecesario lo que el ministro Astori ha anunciado como un ajuste, un paquete de medidas que tienen que ver con el recorte del gasto, aunque aún no especificó cuáles. Si hubiéramos hecho las cosas bien, podríamos haber aumentado perfectamente el gasto en estos últimos diez años, pero parte de ese aumento debería haber ido a formar un fondo de estabilización. Eso es lo que no se hizo y es lo que hoy nos pone en esta situación de estancamiento con dificultades.

—¿Qué es lo que pueda hacerse ahora?

—Hay una opción muy mala que parece que el gobierno no va a tomar que es la de no hacer nada, seguir con el piloto automático y hacer como si no hubiera cambiado el ciclo. Por ese camino aumentaría el déficit, se incrementaría la deuda, en todo sentido una mala opción. Si toma el camino de aplicar medidas, que es lo que todo indica va a hacer, hay dos grandes alternativas. Subir impuestos o recortar gastos. Por lo que ha anunciado Astori iría por el camino de recortar gasto. Eso sería en las actuales circunstancias, lo menos malo.

Allí hay varias posibilidades. Pero hay que tener en cuenta que Astori en particular no cuenta con todo el respaldo parlamentario necesario que sería deseable para tomar determinadas medidas. La mayoría de la bancada oficialista me animo a decir que no estaría de acuerdo con medidas de austeridad. Son partidarios de un keynesianismo simplónque siempre apunta a aumentar el gasto. Por lo tanto para Astori va a ser más sencillo aplicar las medidas que no requieran pasar por el Parlamento. Por ejemplo, topear el gasto de algunas oficinas públicas, excluyendo las prioridades como salud, seguridad, educación o los planes sociales. Lo otro es tener en cuenta que tendremos en poco tiempo una rendición de cuentas, que debería ser de artículo único sin aumento del gasto.

—No parece que hubiera demasiado para recortar…

—Depende de qué oficinas pretenda topear el gobierno. Porque tampoco es necesario un ajuste dramático. Con un ajuste prudente se puede lograr disminuir el déficit fiscal, estamos hablando de algunos puntos del producto, tratar de acercarlo el déficit al 3%. Basta con un ajuste que muestre la capacidad y la voluntad del gobierno de mantener las cuentas en orden. Necesita dar señales claras de que comprende que hay un cambio en el ciclo económico, que toma medidas en consecuencia dadas las opciones que tiene a disposición hoy y que eso le permite afrontar con éxito esta etapa.

—¿Usted preferiría un aumento de impuestos?

—No, para nada. Aplicar nuevos tributos cuando la economía está estancada significa un nuevo palo en la rueda. El gobierno ya ha ido haciendo ciertos ajustes. Los hubo en la ley de presupuestos, el cambio en la forma de liquidar el IRAE en diciembre también; el ajuste en las tarifas públicas y mantener el precio de los combustibles cuando la cotización del petróleo se desplomó también es una forma de ajustar. Todas esas medidas fueron por el lado de aumentar los ingresos. Ahora las medidas deberían venir por el otro lado, o sea bajar el gasto.

—De todos modos, desde el Centro de Estudios para el desarrollo que usted dirige, las proyecciones para 2016, refieren a un déficit fiscal de 4,2%, un IPC de 10,4%, el desempleo por encima del 9%. No son muy optimistas con el resultado de las medidas que pueda aplicar el gobierno…

—Entendemos que el gobierno no va a poder cumplir con todos los objetivos que se fije. Controlar el gasto y el déficit fiscal, bajar la inflación, generar estímulos para que crezca la economía, lograr que baje el desempleo, mejorar o mantener los niveles de competitividad. Todos los objetivos no los va a poder lograr.

Lo que nosotros estimamos es que uno de los objetivos a los que se le dará menor prioridad es la inflación. Se va a controlar para que no siga subiendo, pero no se va a incurrir en esfuerzos adicionales para que baje, por lo tanto creemos que se va a mantener en el rango del 10%.

Da la sensación que el foco está en el frente fiscal. Es razonable que la principal variable a controlar sea disminuir el déficit. Sería fundamental para mantener la credibilidad de las políticas macro, para mantener el grado inversor y demostrar que en la nueva coyuntura el gobierno toma las riendas para afrontar esta situación.

—¿2017 será distinto?

—El año próximo será distinto. China crece menos, pero lo estará haciendo por tasas encima de 6%, la suba de tasas de interés en el primer mundo se ha ido postergando, Brasil si supera la crisis política va a tener un repunte, Argentina tiene por delante un año difícil pero el próximo es probable que tenga un rebote importante. Si eso ocurre para Uruguay será muy importante. Este es un año para dar las señales de que se mantiene la política macroeconómica bajo control. El ciclo cambió pero no hay una crisis en el horizonte. Hay que mostrar que si bien cambiaron las circunstancias no se perdió el control. Y el año siguiente será diferente y allí será oportunidad de tomar otras medidas, quizás mejorando aún más los indicadores fiscales y el nivel de endeudamiento.

El año que viene habrá que ser prudente con el gasto nuevamente, aunque la economía pueda crecer lo hará a tasas modestas, y me parece razonable seguir con el objetivo de bajar el déficit fiscal, aprovechar un mejor momento para poner énfasis en eso y no estar como se está ahora por no haberlo hecho antes.

El gobierno debería no aumentar el gasto en 2017 e ir bajando el déficit con lo que crezca en recaudación, pero claro, habrá presiones políticas desde el propio partido de gobierno y se planteará un escenario donde los equilibrios de poder nos demostrarán hasta donde llegamos.

El Centro de Estudios para el Desarrollo, un nuevo think tank.

—El Centro de Estudios para el Desarrollo fue lanzado en el mes de abril…

—Exactamente, aunque venimos trabajando desde el año pasado. Es un think tank que tiene como objetivo promover el desarrollo desde una visión que prioriza las ideas de la libertad. No hablamos solo del desarrollo económico sino también del personal y social. No nos vamos a ocupar solo de temas económicos sino también de otros temas de desarrollo integral. Desde una visión que entendemos que está subrepresentada en Uruguay, que es la liberal, que se manifieste claramente. Uruguay tiene mucho para hacer en una agenda para el desarrollo y apuntar a políticas de excelencia. Nosotros creemos que el país necesita una agenda en ese sentido y desde el CED queremos contribuir que se encamine hacia un desarrollo sustentable, desde una visión que priorice más la libertad —que no ha sido lo que ocurrió en los últimos años— porque cuando Uruguay apuntó a esas medidas le fue mejor que con posturas estatistas, proteccionsitas o dirigistas.

Por definición, según nuestros estatutos, es un centro de estudios independiente desde todo punto de vista de partidos políticos, u organizaciones empresariales, gremiales o religiosas, ni en nuestro país ni en el exterior. Fijamos nuestra propia agenda de investigaciones; como la independencia no se proclama, sino que se demuestra así que esperamos que nuestras investigaciones, nuestros cursos y productos de buena calidad académica aporten a ese concepto.

 

Publicada el 2 de mayo de 2016.