Entrevista a nuestro concejero académico Nicolás Albertoni en Economía & Mercado de El País

EN UN ESCENARIO CADA VEZ MÁS INTERCONECTADO COMERCIALMENTE, LA DIVERSIFICACIÓN YA DICE MUY POCO

El comercio del mundo avanza mucho más rápido que el debate interno

Destaca las intenciones de Cancillería de abrirse al mundo, pero cuestiona el escaso avance a raíz de la interna del partido de gobierno. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Usted dijo que Uruguay está en un proceso de retroceso mientras los demás avanzan. Sin embargo, el Canciller Nin Novoa enumeró las negociaciones del Mercosur, en distintas etapas, con India, EFTA, Canadá, sur de África, entre otros. ..

—Lo que sucede es que mientras nosotros seguimos anclados en debates interminables sobre la apertura internacional, nuestros competidores han tomado un dinamismo comercial muy importante en los últimos años. No hay dudas que es valorable el trabajo de la Cancillería en estos últimos años para intentar abrir mercados. La gran traba está en el partido de gobierno que no deja avanzar. Nuestra política exterior solo se transformará con acciones concretas. Debemos recordar que un acuerdo no entra en vigencia hasta que el parlamento lo ratifica. Podremos avanzar en las negociaciones con India, Canadá, y países de África, pero si sigue esta desconexión entre lo que la Cancillería quiere hacer y lo que el partido de gobierno le deja, en términos reales, no estamos avanzando.

—¿Qué han hecho los demás mercados de referencia en el último año?

—Mientras nosotros seguimos debatiendo sobre la etimología de la sigla TLC y si aprobar o un acuerdo con Chile, a fines de 2016, Nueva Zelanda y China profundizaron el TLC firmado en 2008 y avanzaron en temas como e-commerce y cooperación agrícola. A fines del año pasado, Perú y Australia cerraron un acuerdo comercial que será clave para el comercio transpacífico. En 2015, Australia cerró una cuerdo con Japón. Hace pocos días, 11 países que representan cerca del 15% del producto mundial, cerraron las negociaciones del CPTPP que es el viejo TPP (Acuerdo Transpacífico De Comercio) pero sin Estados Unidos, ya que Trump decidió retirase ni bien asumió. Con este acuerdo, países como Nueva Zelanda o Australia pasarán a tener un ahorro anual en tarifas que superan los U$S 200 millones. Respecto a las barreras no arancelarias (como puede ser una barrera sanitaria), los cálculos estimados muestran que Nueva Zelanda podría llegar a tener ahorros cercanos a los U$S 880 millones gracias a este nuevo acuerdo. Y en ese marco, Nueva Zelanda acordó con Japón que el arancel para la carne neozelandesa se reduzca del actual 38% a un 9% en los siguientes 16 años.

— Con el paso de los años Uruguay ha logrado mayor diversificación. Pero 50% del total exportado en 2017 fue carne, soja y madera; y China, Brasil, Argentina y EE.UU. representan casi la mitad de los destinos. ¿Es un problema esa distribución?

—En un mundo cada vez más interconectado comercialmente, la diversificación ya es un dato que dice muy poco. Podremos exportar a más mercados pero si en nuestros destinos no somos competitivos, cualquiera de nuestros competidores fuertes que tenga un acuerdo comercial y similares calidades, nos puede sacar del mercado muy rápidamente. Por eso, insisto en el tema de las preferencias y con el equipo de Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) estamos trabajando en esto para poder medir nuestra vulnerabilidad comercial contemplando las preferencias mediante acuerdos o el sistema general de preferencias y así compararnos con otros países.

—El nivel de preferencias comerciales que ostenta hoy Uruguay, ¿cuán lejos está de aquellos mercados que nos importan?

— La diversificación neta (el peso de cada destino sobre el total) de Uruguay muestra patrones similares a la de muchos de nuestros competidores. Por ejemplo, en el caso de Nueva Zelanda, si tenemos en cuenta sus cuatro principales destinos (China, Australia, EE.UU. y Japón) estos representan cerca del 50% del total. Pero sucede que con los cuatro y varios otros mercados tiene preferencias altas. Nosotros hoy, fuera de la región, somos más caros que cualquiera de nuestros competidores directos. Los datos preliminares de nuestro trabajo muestran que más de la mitad de las exportaciones del país hoy entran sin preferencias a sus destinos. En el caso de Nueva Zelanda solo el 20% entra sin preferencias y en el caso de Australia solo el 10%. Estos números que nos deberían motivar a sentarnos todos a una misma mesa para darnos cuenta que el país tiene un inmenso desafío por delante en este tema. En una inserción comercial inteligente y dinámica, se juega gran parte de la competitividad del país.

—La región tiene una treintena de acuerdos comerciales, muchos de ellos con reglas diferentes entre sí; ¿armonizar esa realidad es una de las salidas posibles?

—Exactamente. Esta treintena de acuerdos comerciales regionales representa el 80% del comercio dentro de la región. Sucede que estos acuerdos existentes son bajo reglas que difirieren mucho entre uno y otro acuerdo. Esto hace que se ahogue el comercio de los bienes intermedios impidiendo la creación de cadenas de valor asociadas con una productividad más alta. De aquí que la participación de la región en las cadenas globales de valor sigue siendo muy baja: por ejemplo, mientras el comercio intra-industrial (dato que comúnmente usamos para medir cadenas globales) es del 20% del total del comercio en nuestra región, en Asia es del 45%. Por eso resulta fundamental armonizar los acuerdos existentes y permitir, por ejemplo, la acumulación ampliada de las reglas de origen entre los acuerdos que ya existen en la región.

—En las negociaciones en curso con la Unión Europea el gobierno parece haber puesto todas las fichas posibles. ¿Faltó algo, a su juicio?

—Haber puesto todas las fichas me parece una decisión acertada. Es un mercado clave para nosotros. Más hoy cuando ya no gozamos de las preferencias que teníamos mediante el sistema general de preferencias. Lo que sí veo como un problema a resolver es lo que viene después del acuerdo. Tras veinte años de negociación con la UE, en caso de concretarse, el gobierno deberá convencer a su partido que lo ratifique en el parlamento.

—¿Qué es más importante, los beneficios arancelarios en juego, o la amplia gama de asuntos a incluir, como servicios, desarrollo sostenible y pequeñas empresas?

—Para un país como Chile, por ejemplo, el arancel ya no es un gran tema. Entran con casi arancel cero a más del 90% de sus destinos. Pero Uruguay está lejos de esto. Nuestros productos se siguen encareciendo al pasar por las aduanas del mundo. Por eso el arancel es tan importante como los temas “extra comerciales” que hoy incluyen los acuerdos. Ya no solo se negocia acceso a mercados hoy en día, sino que hay una agenda mucho más amplia que va desde e-commerce hasta innovación y medio ambiente por eso se les llama big agenda agreements (acuerdos de agenda amplia) para definir aquellos que incluyen compromisos que se ocupan de cuestiones que van más allá del actual mandato de OMC. El punto central sobre estos nuevos acuerdos es que, quedar por fuera de ellos implica quedar por fuera de la nueva agenda del desarrollo y no únicamente del comercio.

—Las expectativas con China parecen ser enormes. ¿Coincides con los pasos que se están dando al respecto?

—Está bien, pero, ¿qué esperanza podemos llegar a tener si debatimos como si fuera el fin del mundo un acuerdo con Chile? ¿Se imagina entonces lo que sería si el acuerdo fuera con China que por obvias razones sería un acuerdo muy delicado dada las dimensiones del mercado? Vale recordar que tomando como plataforma el Mercosur sería muy complejo avanzar con China ya sea por razones diplomáticas de Paraguay o por las trabas que podría tener Brasil al competir hoy en día en varios rubros con China. Lo ideal para el caso de China, sería seguir el camino de Costa Rica o Chile y jugar bajo una estrategia del pequeño: avanzar en lo que más se pueda en acceso a mercados y presentarnos nosotros como un aliado geopolítico en la región. Esta es una carta que todos los países chicos que negocian con China siempre sacan a relucir.

—Se argumenta que un TLC con Chile marcaría un precedente que nos haría vulnerables ante el mundo, debido a las condiciones que se incluyen. ¿Qué piensa sobre esto?

—Eso no tiene ningún sentido técnico. Cada acuerdo empieza y concluye en sí mismo. Tal como lo señala el artículo 24 del GATT, el principio de Nación Más Favorecida no se hace extensivo cuando estamos bajo el formato de un TLC o una Unión Aduanera. Por tanto, decir que por firmar un acuerdo con Chile vamos a generar antecedente para otros mercados, es como decir que debemos extender al resto del mundo l os mismos beneficios que hoy le damos a los miembros del Mercosur.

La OMC es víctima de su propio diseño institucional, ya superado.

—La OMC no pudo avanzar en su agenda multilateral. ¿Qué cambios estructurales se deben hacer para modificar el rumbo que hoy se encamina cada vez más hacia la bilateralización?

—El mundo hoy tiende a estructurarse en macro regiones y no participar del debate, eso implica que muchos países como el nuestro compren el destino de ser rule taker (tomador de reglas) y no rule maker (hacedor de reglas). Por eso cada instancia plurilateral (como TISA, por ejemplo) en la que podamos participar, resulta clave para el país. Después debatiremos si firmar o no. Lo que no debería estar en debate es la participación en la mesa de negociación. Sobre la OMC en general no hay dudas que se necesitan reformas y esto viene quedando en evidencia hace tiempo.

La aún estancada Ronda de Doha es un ejemplo. Un estudio reciente de mi colega Kent Jones de Babson College muestra con claridad que el problema radica en la estructura institucional heredada del GATT, la cual fue diseñada para un alcance más limitado de las negociaciones comerciales y entre un número relativamente más pequeño de países industrializados. Por ejemplo, tener normas más claras sobre obligaciones de reciprocidad es uno de los caminos en los que se podría empezar a trabajar para destrabar el estancamiento.

Fuente: https://www.elpais.com.uy/economia-y-mercado/comercio-mundo-avanza-rapido-debate-interno.html