La inserción internacional: un consenso lapidario y acuciante – por Ope Pasquet

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Ope Pasquet

“Más y mejor Mercosur”: durante años y años los gobernantes frenteamplistas salmodiaron este mantra, que a su juicio resumía lo esencial de la política exterior del Uruguay.

Invocando al Mercosur rechazaron la posibilidad de firmar un TLC con los Estados Unidos, es decir, con el principal mercado del mundo, complaciendo así al procónsul brasileño de entonces, Marco Aurelio García. Invitado por el canciller Gargano, el asesor de Lula había tenido a bien trasladarse a la Cisplatina para explicarnos lo que nos convenía.

Aquel tren pasó durante la primera presidencia de Tabaré Vázquez; lo dejamos ir y ya no podremos abordarlo. En esta segunda presidencia de Vázquez lo que rechazamos fue la posibilidad de participar en la negociación del TISA. En abierto desafío a la racionalidad, nos negamos a nosotros mismos la posibilidad de incidir, siquiera mínimamente, en la definición de las que quizás sean las reglas del comercio de servicios en el mundo.

Esos dos rechazos emblemáticos fueron solo dos momentos, de once años de voluntaria subordinación del interés nacional uruguayo a los dictados del Brasil de Lula y la Argentina de los Kirchner, en nombre del Mercosur, de la Patria Grande, del progresismo y de todo el repertorio ideológico frenteamplista.

Hoy, afectado por el enfriamiento de la economía y con dificultades crecientes para la concreción de sus exportaciones, Uruguay se plantea nuevamente la cuestión vital del acceso de su producción a los mercados del mundo. En este marco de preocupaciones, el Centro de Estudios para el Desarrollo, “think tank” de reciente aparición que lidera el Ec. Hernán Bonilla, tuvo el acierto de organizar una mesa redonda dedicada a la cuestión de la inserción internacional del país. Los expositores fueron técnicos de primer nivel: los economistas Ignacio Munyo, Gabriel Oddone, Pablo Rosselli y Marcel Vaillant.

Hubo, ciertamente, algunas diferencias de matiz y acaso de énfasis entre ellos. Oddone, por ejemplo, fue categórico en el sentido de que el tiempo de los tratados comerciales bilaterales quedó irrevocablemente atrás, lo que fue relativizado tanto por Rosselli como por Vaillant. Pero lo notable no fueron esas diferencias de matiz, sino las grandes coincidencias de fondo entre los cuatro expertos.

Ya nadie puede poner en tela de juicio, dijeron, que con un mercado interno liliputiense de poco más de tres millones de habitantes, la economía del Uruguay solo puede crecer hacia afuera, hacia el mundo. Los países más prósperos y con mejores índices de desarrollo humano son los que exportan bienes y servicios más elaborados y complejos, explicó Munyo, para lo cual es preciso un alto nivel de apertura de la economía. El Mercosur es solo el 27% de nuestro comercio exterior; tenemos que pensar en ampliar el 75% restante.

Oddone puso énfasis en que el Mercosur puro y duro, es decir, ese Mercosur de la Decisión 32/00 que no les permite a sus miembros negociar acuerdos comerciales por separado con terceros países, hace rato que dejó de ser la respuesta a nuestras necesidades. Los países socios del Mercosur fueron los que menos crecieron en América del Sur en los últimos años. El Mercosur es hoy “una jaula” de la que tenemos que salir. No hay que pelearse con nadie ni dar un portazo, pero sí tenemos que estar dispuestos a “jugar al borde del reglamento”, como hicimos cuando autorizamos a Botnia a instalar su planta de celulosa junto al río Uruguay. Para Brasil el Mercosur no es relevante desde el punto de vista comercial (representa solo el 8% de su comercio exterior), sino como espacio geopolítico de control que hace a la imagen de potencia que pretende proyectar en el escenario global. Si pedimos permiso, nos van a decir que no; hay que animarse. “No nos van a echar del Mercosur porque nos incorporemos a la Alianza del Pacífico”, afirmó.

Pablo Rosselli señaló que no hay lista de espera para firmar acuerdos comerciales con Uruguay. Nuestro pequeño mercado interno no resulta demasiado atractivo para nadie; por otro lado, la pequeñez de nuestra oferta exportable no es tampoco una amenaza para nadie.  Tenemos que salir a buscar los acuerdos que necesitamos, sabiendo que no estamos en condiciones de exigir ni mucho menos de imponer nuestros términos. Es preciso actuar y resolver rápidamente; nuestros competidores también se mueven y el mundo no va a esperar por nosotros.

Marcel Vaillant subrayó que la búsqueda de mejores vías de acceso a los mercados es urgente y vital. Sin acuerdos que nos den preferencias comerciales, pagaremos altos aranceles que nos desplazarán de los mercados, en beneficio de nuestros competidores directos. Vaillant agregó que los acuerdos comerciales generan ganadores y perdedores dentro de cada país. Uruguay ya pagó un alto precio -en términos de industria nacional- por su apertura al Mercosur y al mundo en los años noventa. La política deberá ofrecer respuestas a los sectores que resulten perjudicados por los nuevos acuerdos que es preciso lograr.

Las coincidencias entre los expertos son claras: sin pelearnos con nuestros socios, tenemos que salir rápidamente de la “jaula” que es el Mercosur y ampliar nuestro comercio con el mundo; al país le va la vida en ello. En términos generales, cabe decir que el presidente de la República, el canciller y el ministro de Economía comparten este enfoque; desde la oposición, colorados, blancos e independientes también lo comparten. Pero los grupos que forman la mayoría del FA (MPP, Partido Comunista, etc.) y el PIT CNT, lo rechazan: apoyan a Maduro, no se resignan a la derrota de Cristina ni a la destitución de Dilma, y ven al comercio exterior como a otro campo de lucha ideológica y política contra el imperialismo.

De que se imponga una visión u otra dependen las posibilidades del Uruguay de saltar a la prosperidad o seguir vegetando en la medianía en los próximos años.