Primero los niños: La columna de Agustín Iturralde en el espacio de análisis CED en Economía & Mercado

Primero los niños

Gobernar es siempre priorizar recursos entre opciones buenas. Necesitamos que esa priorización se base en evidencia y preferencias explícitas y no en la capacidad de movilización de los distintos grupos de presión.

Por Agustín Iturralde 
Foto: Archivo El País

Foto: Archivo El País

Gobernar es siempre priorizar, los recursos son finitos y siempre existirán necesidades insatisfechas. Es muy ingenuo pensar que gobernar consiste en asignar recursos a las cosas buenas e importantes y negarlos a las banalidades: se trata de priorizar recursos entre opciones buenas. Esta verdad pocas veces se explicita porque es antipática, normalmente discutimos la justicia de asignar recursos a cada causa individualmente. Claro que sería muy bueno pagar mejores salarios a la policía, mejorar las jubilaciones y otorgar más dinero para la Universidad. Sin embargo, estos deseos chocan contra la realidad a la hora de elaborar el presupuesto o redactar una rendición de cuentas.

Siempre hay que elegir, y explicitar las prioridades es buena cosa para evitar que simplemente gane el más fuerte.

Visión.

Existe un tema que, creemos, no ha sido suficientemente priorizado a pesar de su importancia ética y la evidencia favorable disponible: la primera infancia. En cierto modo, esto ya es un lugar común en algunos círculos, sin embargo no es una obviedad para nada cuando cuando uno mira el gasto público por edades, las tasas de pobreza infantil o la cobertura de la atención a la primera infancia en nuestro país.

Particularmente, queremos remarcar tres argumentos a favor de priorizar la primera infancia por sobre otras muy legítimas necesidades:

La pobreza sigue teniendo cara de niño. En Montevideo más de 1 de cada 4 niños menores de 6 años es pobre (1), el promedio nacional es algo menor pero aún muy alto, 17,4%. Por el contrario, solo el 1,3% de los uruguayos mayores de 65 años son pobres. Invertir más en las generaciones que más lo necesitan es un imperativo moral. Más aún, cuando se trata de personas sin ninguna responsabilidad por la situación socio económica en la que viven.

Retorno de la inversión. Existe abundante evidencia de que los cuidados que recibe un niño en los primeros años, son absolutamente determinantes en el capital humano de los países. El posterior éxito educativo y socioeconómico de las personas (2) está muy condicionado por ese período en donde se pueden visualizar significativas diferencias en el desarrollo neuronal de los niños según sus condiciones de vida. Esto quiere decir que, atender a los más chicos, además de un imperativo moral, es de las inversiones más rentables que un país puede hacer. Los beneficios no serán solo sobre las tasas de pobreza infantil, también impactará positivamente sobre la educación, seguridad y economía en el mediano y largo plazo.

Igualdad de oportunidades. Es un tema que está en boca de políticos de izquierda, centro y derecha a nivel mundial. A los 3 años ya están establecidas muchas de las diferencias entre un niño promedio de Pocitos y otro de Casavalle. La correcta nutrición, los cuidados, la estimulación intelectual en los primeros 36 meses de vida son absolutamente determinantes en los logros sociales, económicos y educativos de cada persona. Si de verdad nos importa la igualdad de oportunidades, pocas cosas deberían ser tan importantes como apuntalar los cuidados en esta etapa de la vida.

En Uruguay, el gasto público sigue sesgado hacia los grupos etarios de mayor edad. La reforma constitucional de 1989 que establece ajustes de las jubilaciones de acuerdo al Índice Medio de Salarios y la flexibilización de los criterios jubilatorios a partir del 2008, son dos de las decisiones de la historia reciente que claramente operaron en favor de este sesgo. La asistencia a la seguridad social desde rentas generales sigue siendo el principal componente del gasto público. Si bien es cierto de que ha habido destacados esfuerzos sobre la primera infancia, como “Uruguay crece contigo” y la ampliación del ya histórico y exitoso Plan CAIF, es mucho lo que falta aún. Un documento de la OCDE (3) de 2016 señalaba que en materia de cobertura de primera infancia (0 a 3 años) la matrícula es aún baja y muchas veces depende de la capacidad de pagar de los padres.

Razones.

Mancur Olson, en “La lógica de la acción colectiva”, estudió el impacto de los grupos de decisión sobre los hacedores de políticas. Sostiene que aquellas políticas que benefician a grupos bien definidos y con capacidad de movilización, tienden a prosperar mucho más que otras en donde los beneficiarios no son claramente identificables o no están agrupados. Esta idea es una explicación plausible de porqué la primera infancia no logra concitar el apoyo político que sus beneficios justificarían.

Los niños pequeños no se movilizan, no votan, no están agrupados y los beneficios de una inversión fuerte en este sector no son identificables de forma concreta en el corto plazo. A esta posible explicación, se suma el hecho de que la mayoría de los beneficios esperados exceden a una gestión de gobierno, por lo que difícilmente podrían ser capitalizados políticamente por el gobierno que los implemente.

Priorizar recursos entre buenas causas es lo que hace cualquier gobierno implícita o explícitamente. Privilegiar la asignación de recursos a la primera infancia es la apuesta más segura que podemos hacer como país. Sin embargo, esto requerirá el valor político de decir que no a otros grupos y causas con mayor capacidad de movilización y presión, dado sus beneficios más visibles.

 

(*) Agustín Iturralde, Director Académico de CED, Master en Economía Política del Desarrollo por LSE

(1) INE, “Estimación de la pobreza por el método del ingreso”. Abril 2008

(2) Gertler, P; et al. “Labor market returns to an early childhood stimulation intervention in Jamaica.”. Mayo 2014.

(3) OCDE, Revisión de Recursos Educativos. Uruguay. 2016.

Fuente: https://www.elpais.com.uy/economia-y-mercado/ninos.html