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Hernán
BonillaPresidente y fundador
No al IVA personalizado
17/12/2024
En los últimos días, a partir de declaraciones de jerarcas del próximo gobierno, parece claro que en 2025 tendremos un debate sobre la implementación del IVA personalizado. El asunto tiene varias aristas, pero la conclusión de cualquier análisis que tome en cuenta todos los aspectos parece clara, es una mala idea difícil de implementar. Partamos por la discusión teórica del impuesto, dejando para más adelante la realidad. ¿Cuál sería la ventaja de complejizar el pago del impuesto que más recauda y que es simple por naturaleza? El único argumento que se ha esbozado -y que, de hecho, puede existir- es que sería más “justo”. La idea es que cómo pagan porcentualmente. Lo mismo quién gana más que quién gana menos el impuesto sería “injusto”, lo que no resiste el análisis. Cómo comentó en un hilo en la red social X (que recomiendo) el economista Julio de Brun: “Si el que gana 100 paga 10 y el que gana 1000 paga 100, el impuesto no es regresivo, es neutral.” Si a eso se suma que la evidencia muestra que, a diferencia de lo que suele afirmarse livianamente, el IVA considerado adecuadamente no es regresivo, se termina con el único argumento para defenderlo, como sigue de Brun: “Cuando la evidencia se implementa a través del seguimiento de cohortes, el resultado es neutralidad y, a veces, progresividad.” Si más allá de la teoría se incorpora el análisis de cómo funcionan las cosas, en la vida real los problemas del IVA personalizado son mayores. ¿Cómo se resuelve quiénes deben pagar más o menos IVA? ¿A partir de sus ingresos, de su patrimonio, de su actividad empresarial? ¿Cómo se cruza esa información al momento de comprar un chicle? Y en caso de que todo lo anterior funcionara bien, ¿cómo se espera que se beneficien de esto los más vulnerables, si son los que menos utilizan los medios electrónicos? Si el nuevo impuesto para aplicarse implicara verbigracia, que todos los productos pasaran a tributar IVA al 22% (los que hoy no pagan IVA o abonan IVA mínimo). Luego se descuenta un cierto porcentaje proporcional de acuerdo con los ingresos de las personas. En la práctica significaría un mazazo para la clase media con nulo beneficio para las personas de menores ingresos que no utilizan, o emplean, parcialmente, medios de pagos electrónicos. Si a eso le sumamos que todos quienes han estudiado nuestra presión fiscal con seriedad, incluyendo al ministro designado Oddone, reconocen que nuestra presión fiscal no debería ser aumentada, el diseño pasa a ser crucial para que no se traduzca en un aumento de la contribución para la mayoría de los uruguayos. La conclusión de este posible experimento es inequívoca: No tiene el menor sentido complejizar nuestro sistema tributario entreverando el pago del IVA con una justificación teórica endeble. Atar el pago de IVA a un cruce de información sólo posible a través de un Gran Hermano tributario en tiempo real, no es lo que ha hecho ningún país asimilable en el mundo y va en contra de las características deseables de cualquier sistema impositivo, más allá de preferencias ideológicas. El país tiene varios desafíos importantes por delante, entre ellos, y como tiene claro Oddone, que la economía crezca más. Concentrémonos en lo realmente importante y no nos generemos problemas por desvaríos teóricos de los amantes de la igualdad que sólo es posible en los cementerios.