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Hernán
BonillaPresidente y fundador
Centenario de Ramón Díaz
30/05/2026
Hace exactamente un siglo nacía en Montevideo Ramón Díaz uno de los mayores pensadores de nuestra historia. Vale la pena entonces recordarlo a través de algunas pinceladas que demuestran por qué fue el principal intelectual uruguayo y el de mayor reconocimiento internacional desde mediados del siglo pasado. Lector precoz, voraz estudioso de lenguas vivas y muertas, abogado, economista, periodista y profesor, fue un incansable lector al que nada de lo humano le era ajeno. Si en su adolescencia lo deslumbró el Manifiesto Comunista, fue su contacto con el Estado lo que lo hizo cambiar de rumbo: “Algo que sea mucho de esto no lo quiero”, confesaría. De ese rechazo y la profundización en los grandes autores del liberalismo clásico nació una misión: en enero de 1972, junto a Ramiro Rodríguez Villamil y un puñado de amigos, fundó Búsqueda. Era una voz casi solitaria en un país anegado por el dirigismo, donde el liberalismo prácticamente había desaparecido. Desde el primer número se propuso buscar “una nueva doctrina socio-económica” para el Uruguay. La defendió durante cuatro décadas con la sola fuerza de su pluma, escribiendo más de dos mil artículos. Durante la dictadura fue detenido innumerables veces, incluyendo un procesamiento y un secuestro y Búsqueda fue censurada y clausurada numerosas veces. Cuando por esos años escribió “Creemos en la libertad, estamos dispuestos a jugarnos por ella” fue visceralmente sincero. Entre 1990 y 1993 presidió el Banco Central. Heredó una institución al borde del colapso y una inflación de tres dígitos. La dejó en descenso firme y con un BCU modernizado. El presidente Lacalle Herrera recordaría su “coraje sin cólera” para sacar adelante a “ese paciente terminal”. Su trayectoria internacional fue sencillamente impresionante e incomparable. Compartió paneles y conferencias con Hayek, Friedman y Popper, entre otros gigantes. La Sociedad Mont Pèlerin lo eligió su presidente y sigue siendo el único sudamericano con esa distinción hasta nuestros días. Su Historia Económica de Uruguay reinterpretó nuestro pasado y destruyó las caducas interpretaciones de Barrán y Nahum, a buena hora. Su Diálogo sobre el liberalismo con Pablo da Silveira es un modelo de cómo se debate con respeto entre quienes piensan distinto. Fue un católico devoto, esposo, padre, abuelo y bisabuelo. Tenista, amante de la ópera, y poseedor de un carácter firme, en su caso, compatible con una gran ternura y generosidad, de lo que doy fe. Lo definió da Silveira con precisión: leerlo era una revelación. Todo resultaba claro. Que un país chico debe ser un país abierto. Que la inflación es el peor de los impuestos, porque castiga a asalariados y jubilados. Y aquella máxima de Pascal que repetía como una brújula: “Esforcémonos por pensar bien, he ahí el principio de la moral”. Si el clima de ideas en Uruguay cambió para bien, si hoy nadie defiende seriamente la inflación ni el cierre al mundo, fue en buena medida gracias a él. Quedan batallas pendientes: nuestro Estado sigue siendo elefantiásico y arrastramos muchas regulaciones que carecen de sentido, pero Uruguay es un país mejor entre otros factores por la pasión, rigor, inteligencia y capacidad de Ramón Díaz. Hoy conmemoramos su centenario celebrando la vida del amigo entrañable que extrañamos y del maestro incomparable que veneramos.