Columnas de Opinión

Diario El País Uruguay

Agustín
Iturralde

Director Ejecutivo

Las agendas del Frente Amplio

31/07/2026

A casi un año y medio de gobierno, las encuestas marcan un deterioro sostenido: la aprobación de Yamandú Orsi cayó al entorno del 30% y la desaprobación ya supera a la mitad de los uruguayos. Probablemente no hay una única razón, pero sin dudas la notoria ausencia de agenda tiene algo para explicar. ¿Qué representa Orsi? ¿Cuál es su convicción, en qué cree, qué tema lo desvela? 17 meses después de asumir, es cada vez más probable que no tengamos respuesta para esas preguntas. El estilo cercano y campechano que tan bien funcionó en campaña no funciona igual durante el gobierno. En los dos primeros gobiernos del FA nadie tenía esa duda: el Tabaré Vázquez de 2005 y el Mujica de 2010 tenían una impronta propia bien marcada, para bien o para mal, que moldeaba al gobierno entero. Es probable que esa dificultad para identificar qué quiere el presidente tenga su correlato directo en la caída de popularidad. Ese vacío abre el juego para que otros actores lo llenen, y lo que tenemos hasta ahora es una tensión permanente entre dos agendas que no tienen nada que ver entre sí: la de Oddone y la de los sectores radicales que representa el ministro Castillo. De un lado, la ley de competitividad, el empuje por ingresar a acuerdos internacionales, la contención del gasto público y la eliminación de la indexación salarial. Del otro, el diálogo social proponiendo bajar a 60 la edad de retiro, la estatización de las AFAP, la regulación de los despidos y el impuesto al 1% más rico. En el papel se puede sostener que son agendas complementarias. Pero no es verdad: son propuestas que empujan en direcciones nítidamente opuestas: una mirada abierta al mundo, que cree en los mercados, en la eficiencia, en el crecimiento económico como motor del bienestar, y otra distributista, de mentalidad de suma cero, para la que el problema nunca es generar riqueza sino repartir la existente. La pregunta es cómo se lauda esta tensión. Por ahora viene parejo, con victorias parciales y un Oddone especialmente eficaz para parar locuras: las peores propuestas del diálogo social -de las que el propio MEF llegó a ser vocero- quedaron desarticuladas ni bien el ministro dimensionó el error de haber cedido ese ámbito al PIT-CNT y sus aliados. También perdió alguna, como la baja de la edad de retiro a los 60 años o el fracaso de la “desindexación salarial”. Pero el empate es parcial, y la pregunta es qué pasa si el gobierno se sigue debilitando. ¿Oddone se hace más fuerte e imprescindible como ideólogo oficial de Torre Ejecutiva, o los sectores radicales toman fuerza ante el deterioro de un gobierno que apostó por los moderados? ¿Podrá el MEF seguir reprimiendo el gasto a medida que se acerquen las elecciones, o la planificación presupuestal de los economistas perderá la pulseada contra la presión de los políticos por gastar más en las próximas Rendiciones de Cuentas, como suele suceder? Confieso que no tengo claras las respuestas. Cómo se resuelve la pulseada entre los sectores tradicionales de la izquierda y un equipo económico outsider, en un gobierno de popularidad menguante y sin brújula propia, es una de las grandes preguntas abiertas de la política uruguaya de acá a 2029.