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Agustín
IturraldeDirector Ejecutivo
¿Es un mérito discutir?
07/08/2026
La entrevista que Gabriel Oddone le concedió a Juanchi Hounie fue bien sintomática. Es muy bueno que el ministro tenga clara la agenda de eficiencia pendiente, y es cierto que ningún gobierno puede ir a todas las pelotas a la vez. Pero ante cada tema espinoso, como combustibles, salud o portland, la respuesta fue una variante de la misma idea: estos problemas llevan décadas alojados y “hoy por lo menos los estamos discutiendo”. Sobre la salud fue más allá: “En el período anterior nadie mencionó este tema”. Si de verdad el ministro valora el talante reformista, debería ser más riguroso al evaluar quién lo encarnó en el Uruguay posdictadura. Uruguay hizo numerosas reformas en los 70 y sobre todo en los 90, que le permitieron ser hoy más rico, más estable y con menos pobreza. Vale repasar quién se la jugó por expandir la frontera de posibilidades de producción. El primer gobierno posdictadura tenía una agenda más restauradora que rupturista, pero dejó la ley forestal y la de zonas francas de 1987, cimiento de mucho de lo bueno que vino después. El de Lacalle Herrera fue el que cambió la impronta: Uruguay le soltó la mano a la sustitución de importaciones con la apertura comercial, el Mercosur y la ley de puertos. Hubo fracasos, pero también ideas que triunfaron para siempre, como que el déficit y la inflación importan. Sanguinetti II encaró la reforma de la seguridad social y la educativa del tiempo completo y la inicial. La gestión de Batlle quedó tapada por la crisis; sus intentos con ANCAP y ANTEL fracasaron, aunque dejó la URSEA y la URSEC. Llegado el FA, cuesta encontrar. Oddone recordó que “entre 2004 y 2010 crecimos y se hicieron reformas importantes”. Haberlas hubo; la pregunta es cuántas apuntaron a eso que tanto desvela al ministro. La tributaria de 2007, aun subiendo la presión fiscal bastante más de lo prometido, simplificó un sistema engorroso. ¿Qué más? El Fonasa fue en el mejor de los casos redistributivo, en lo laboral no hubo modernización alguna y se dejó pasar el tren del TLC con Estados Unidos. En los otros dos gobiernos frenteamplistas el ejercicio se vuelve casi imposible: ¿la inclusión financiera, por decir algo? El FA se dedicó a consumir, sin romperla como hicieron enfrente, la renta de reformas que otros habían hecho antes, sin asumir casi ninguna que desafiara intereses creados. El gobierno de Lacalle Pou, con media gestión marcada por la pandemia, sí abordó cosas relevantes: la reforma previsional, de difícil economía política, como le gusta decir al ministro, fue presentada y defendida con valentía, y hubo avances en institucionalidad fiscal, monetaria y en competencia. La pregunta es qué reforma equiparable a una reforma de pensiones, a una desmonopolización o a una reforma educativa va a dejar este gobierno. La ley de competitividad es lo que está en la mesa y trae cosas valiosas; veremos cuánto sobrevive al Parlamento y qué magnitud termina teniendo. Enumerar problemas tenía valor en su vida de analista; al ministro lo vamos a medir por lo que logre. Ningún gobierno puede ir a todas: se trata de que cada uno vaya a alguna y no rompa lo que el anterior hizo bien. Que el gobierno pasado no haya hablado de la salud es poco relevante.