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Hernán
BonillaPresidente y fundador
Discurso sobre la tributación
18/08/2026
Burke escribió Breve reseña de una breve y reciente administración para defender la obra del primer gobierno de Lord Rockingham, destacando que había tranquilizado la relación entre el imperio y las colonias sobre la base de promover el comercio antes que procurar la imposición tributaria. En escritos posteriores se referiría a este esquema como el “sistema de 1766” al que siempre procuró, infructuosamente, que se volviera. Como comenta Peter Stanlis: “Dos temas importantes recorren todos los escritos y discursos de Burke sobre el conflicto entre Gran Bretaña y sus colonias americanas: la violación de la experiencia histórica y la falta de prudencia moral en los usos del poder político por parte del Parlamento”. En el Discurso sobre la tributación de América (1774) Burke apunta a los sucesivos errores de los gobiernos británicos comenzando con la aprobación de la Ley de Sellos, su derogación bajo Rockingham, la aprobación de los impuestos de Charles Towshend durante el gobierno nominal de Lord Chatham y su derogación parcial por Lord Noth, preservando el célebre impuesto sobre el té. La recomendación de Burke es clara; debe intentarse volver al “sistema de 1766” procurando retomar las buenas relaciones con las colonias a través de los intereses en común y no a través de imposiciones odiosas que sólo puede acarrear un conflicto abierto con un territorio en notable expansión poblacional y económica: “Recuperen su antiguo terreno y su antigua tranquilidad; háganlo; estoy persuadido de que los americanos se avendrán a un arreglo con ustedes. […] El espíritu de lo practicable, de la moderación y de la conveniencia mutua jamás convocará a la exactitud geométrica como árbitro de un arreglo amistoso. Consulten y sigan su experiencia”. Burke salda uno de los grandes temas de debate del momento respecto a la capacidad del Parlamento británico para gravar directamente a las colonias o si la materia debería quedar a nivel de las legislaturas provinciales con otro de sus típicos argumentos, hay que saber apreciar que es lo que funciona y no enredarse en disquisiciones metafísicas inconducentes: “Una y otra vez, vuelvan a sus antiguos principios -busquen la paz y síganla-; dejen que América, si tiene en sí materia imponible, se grave a sí misma. No voy a entrar acá en distinciones de derechos, ni a intentar trazar sus límites. No entro en esas distinciones metafísicas”. Para Burke había sido una pésima idea gravar a las colonias perjudicando el gran beneficio obtenido por el comercio, lo que es confirmado por Gordon Wood: “Los rendimientos financieros que las reformas aduaneras reportaron al gobierno británico no parecían compensar en modo alguno los costos. Hacia 1770 se habían recaudado menos de £21.000 por los impuestos de Townshend, mientras que las pérdidas del comercio británico a causa del boicot americano a sus importaciones durante el año anterior se cifraron en £700.000”. Con sentido práctico e histórico remarca Burke: “Reflexionen sobre cómo han de gobernar a un pueblo que cree que debe ser libre, y cree que no lo es. Su plan no rinde renta alguna; no rinde sino descontento, desorden, desobediencia; y tal es el estado de América que, tras vadear la sangre hasta los ojos, no podrían sino terminar justo donde empezaron -esto es, gravar allí donde no hay renta que hallar”.