Columnas de Opinión

Diario El País Uruguay

Hernán
Bonilla

Presidente y fundador

Smith, el hombre

13/06/2023

Existen innumerables trabajos sobre Adam Smith, la enorme mayoría centrados en su obra y su época, pocos se enfocan en las características del ser humano, en buena medida porque él mismo se encargó de que así fuera. Escribió pocas cartas, nunca quiso ni permitió que se lo retratara en vida y poco antes de morir se aseguró de que todos sus papeles personales y obras inconclusas -salvo unas pocas- fueran destruidos. Conocemos de sobra la influencia de las ideas del doctor Smith, pero poco del Adam que vivió una vida apacible. Algunas anécdotas, sin embargo, nos dan algunas pinceladas que son de interés para conocer sobre su persona. Un relato muy conocido da cuenta de que Smith, cuando solo contaba con tres años, fue secuestrado por unos gitanos, siendo recuperado a los pocos días. Lacónicamente, pero indudablemente con acierto, su biógrafo John Rae comentó sobre el episodio: “Temo que hubiera sido un pésimo gitano”. Su padre, del que heredó nombre y apellido, murió antes de su nacimiento y siempre fue muy apegado a su madre Margaret, con la que compartió más de seis décadas. Nunca se casó ni tuvo hijos y no se le conoce ninguna relación sentimental salvo por algunos chimentos de alguna noble francesa interesada en el pensador durante su gira como tutor del Duque de Buccleuch. Cosechó buenos amigos y alumnos que lo idolatraron, así como un reconocimiento notable en vida aunque, a diferencia de lo que ocurre en nuestros días, mucho más por La teoría de los sentimientos morales, su primer libro, que por La riqueza de las naciones, su segundo libro. Con mucha frecuencia se lo describió como “absent minded”, vale decir, distraído, despistado o ensimismado, dependiendo del contexto. Existen varias anécdotas que confirman esta descripción, como la que relata que una vez se preparó una bebida con pan y mantequilla, la tomó y comentó que era el peor té que había probado. También existen distintas versiones sobre que salía de su casa vestido de bata, caminaba varios kilómetros conversando consigo mismo, moviendo los labios y cambiando de dirección, hasta que parecía volver en sí mismo. Aparentemente tenía cierto temblor de cabeza y hablaba con alguna dificultad. En las reuniones sociales muchas veces también se ausentaba mentalmente, sumiéndose en sus pensamientos, perdiendo el hilo de la conversación. Esto no le impidió pertenecer a varios clubes sociales, siendo el más célebre el informal al que se unía durante sus visitas a Londres, en que compartía debates, comida y bebida con Samuel Johnson, James Boswell, Edmund Burke y Edward Gibbon, respectivamente posiblemente el mayor crítico, biógrafo, filósofo político e historiador británico de todos los tiempos, comenta Damrosch en su libro “The Club”. Por cierto, también señala el autor que posiblemente Smith fue el mayor economista británico de todos los tiempos. Que fue un hombre de una cultura extraordinaria y una inteligencia superior es evidente, pero a eso suma otra característica que no siempre acompaña a las dos anteriores; una gran humildad sincera, no impostada. En esa humildad para analizar la realidad se encuentra uno de los rasgos distintivos también de su obra, como del verdadero liberalismo, especialmente el que en buena medida gracias a Smith llamamos “clásico”.