![]()
Hernán
BonillaPresidente y fundador
La industria incipiente
11/03/2025
Con el predominio de la escuela clásica de economía la idea del libre comercio prevaleció sin contratiempos, pero a mediados del siglo XIX aparecieron sus primeros contradictores. No casualmente, hacia la década de 1870 ya comienzan a observarse las primeras medidas proteccionistas en diversos países. El más influyente de los teóricos proteccionistas fue el economista alemán Friedrich List, que escribió un tratado titulado Sistema de Economía Nacional. Allí explica que los países tienen distintos grados de evolución industrial y que, en particular para el caso alemán en que existían condiciones para su desarrollo, la adopción de medidas proteccionistas podía ser beneficiosa en las etapas iniciales. En sus propias palabras: “Los derechos protectores actúan como estimulantes sobre todas las ramas de la industria del país en las cuales el extranjero le aventaja, pero que el país es capaz de practicar. Conceden una prima al empresario y al obrero, poniéndolos en condiciones de aumentar su instrucción y su destreza, y al capitalista indígena o extranjero le ofrecen durante algún tiempo una colocación particularmente ventajosa para sus capitales”. Luego de que la industria alemana hubiera alcanzado a su similar inglesa, pensaba List, lo más beneficioso para ambos países sería el libre comercio, por lo que no era un defensor a ultranza de la protección. Su influencia fue enorme, al punto de que el argumento de la “industria incipiente” es la única defensa del proteccionismo aceptada por el economista clásico más célebre de la segunda mitad del siglo XIX, John Stuart Mill, en sus Principios de Economía Política: “El único caso en el cual pueden defenderse los derechos protectores basándose en principios de la economía política, es cuando se imponen temporalmente (sobre todo en una nación joven y progresista) esperando poder naturalizar una industria extranjera que es de por sí adaptable a las circunstancias del país”. Al igual que List, Stuart Mill solo admite que puede protegerse una industria cuando tiene condiciones para desarrollarse en el país, pero de ninguna forma lo acepta para cualquier industria o país. Más aún, en una carta escrita unos años después, manifestó su intención de “retirar” ese pasaje y afirmó que “Incluso sobre este punto continúo creyendo que mi opinión es fundada, pero la experiencia ha mostrado que una vez que se ha introducido el proteccionismo, se corre el peligro de que se perpetúe… y por ello prefiero ahora alguna otra forma de ayuda pública a las nuevas industrias, aun cuando sea de por sí menos apropiada”. A pesar de los argumentos de List y Stuart Mill no existen razones de peso para sostener que una industria que puede ser competitiva a nivel internacional deba recibir la protección del Estado en sus comienzos, simplemente el empresario debería afrontar pérdidas hasta que la industria se vuelva rentable. De hecho, le ocurre lo mismo a muchas empresas que vuelcan su producción al mercado interno y también tienen un período de desarrollo en que deben irremediablemente incurrir en pérdidas. Como explica Alberto Benegas Lynch (h): “En cualquier caso, nada justifica que se traslade sobre las espaldas del consumidor la inversión inicial ya que eso implicaría la injusticia de socializar las pérdidas y recoger para sí las ganancias”.