Columnas de Opinión

Diario El País Uruguay

Agustín
Iturralde

Director Ejecutivo

Peronismo de izquierda

15/09/2023

La agonía del gobierno argentino es un hito histórico. Con una inflación fuera de control (12,4% en agosto), el ministro y candidato a la Presidencia da el paso al abismo y promete lo incumplible con un cinismo pocas veces visto aún en Argentina. Pasando en limpio el asunto es simple: estamos ante los últimos coletazos de un proyecto económico populista de izquierda que muere. Este “final de era” debería hacernos reflexionar sobre el rol y perfil del peronismo estos años. El peronismo no fue casi nunca de izquierda, sí fue populista pero, justamente “su magia” consistió en la centralidad del proyecto peronista en la sociedad argentina. Se trató de un estilo de conducción vertical, con fuerte arraigo territorial y cercano a los sectores populares. Pero casi nunca fue anti empresa o anti sector privado, cierto que guiñaba a la izquierda, pero en general no despreció en absoluto la importancia de la empresa privada a la hora de crear riqueza. El “kirchnerismo”, mejor dicho “el cristinismo” (porque en el gobierno de Néstor fue infinitamente más prudente), rompió con esto y se metió en un corral de expansión del gasto público y ataque a los sectores productivos que está llegando a su decadencia final. En ese camino el peronismo echó por tierra el que era quizás su principal activo político: su centralidad. No en el sentido de punto medio o de moderación, la centralidad del peronismo estaba dada en su capacidad de ser un proyecto abarcativo, territorialmente implantado, socialmente transversal que dejaba poco espacio para los demás. Un proyecto, cercano a los sectores populares pero que no proponía ninguna lucha de clases y que a pesar de lo que canta “la marcha”, no fue en general hostil al capital per se. Cristina Kirchner rompió esa magia y lo convirtió en un partido de izquierda populista. Mientras la ola progresista y la bonanza económica acompañaron todo eran rosas, pero cuando terminó la fiesta y se empezó a sentir la resaca, el votante mediano la abandonó. Resistió el proyecto algunos años más en base al fracaso de Macri y a someter a los “peronistas de derecha” que la habían abandonado, pero esta vez no hay “conejo en la galera”, no habrá truco que pueda evitar el desbarranque electoral y el fin de una etapa. En su era, Cristina se llevó puesta “la magia” del peronismo. Rompió esa centralidad abarcativa que hacía que solo en condiciones muy particulares fuese posible vencerlo. Nunca estaremos seguros cuán honesta fue esta “izquierdización” del peronismo, si fueron las convicciones de Cristina, mero tacticismo, o más probablemente algo en el medio. Aquello de que uno se termina convenciendo de sus propias mentiras. Lo que me parece evidente es que estamos ante el final del peronismo de izquierda hegemónico, termina de la peor forma producto de su irracionalidad e inviabilidad económica. Creo que el peronismo tendrá dos alternativas. Una opción es reafirmarse en este camino de lucha de clases renunciando finalmente a “su centralidad” histórica. Podrá en el mejor de los casos consolidarse como el partido de la izquierda argentina. La alternativa sería que dentro del peronismo exista la fuerza y autonomía como para intentar recrearse más al centro del tablero y pelear por volver a su espacio “natural” de un peronismo más pro empresa. El tiempo dirá.